El Señor fundó una sola iglesia, y no múltiples iglesias, o “sectas cristianas”, distintas en doctrina y práctica. Enfáticamente dijo: "Edificaré mi iglesia" (Mateo 16:18). "Iglesia”: una, singular, y no plural.
Respecto a la pureza moral y espiritual, Cristo describe la iglesia que le agrada: “Una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27).
¿Quiere usted conocer a la iglesia que no es una “secta cristiana” creada por religiosos? ¿A la que es igual a la iglesia que estableció Cristo en Jerusalén, en Pentecostés, diez días después de su ascensión? (Hechos 2) ¿Imposible que exista en pleno siglo veintiuno? ¿Por qué "imposible"?
El plan divino para su edificación, tal y como concebido en la mente de Dios, está revelado, con lujo de detalle, en la Biblia. Siguiéndolo fielmente ministros leales al Señor que se desempeñan como peritos arquitectos espirituales (1 Corintios 3:10, levantan, en cualquier lugar o época, la misma iglesia divina y pura, íntegra y sana, sin divisiones, que Cristo fundó. Muy amada alma engendrada por Dios (Hebreos 12:9), aunque tal iglesia usted no la haya conocido hasta este momento, miles de congregaciones han sido establecidas ya alrededor del globo terráqueo por "ministros competentes del Nuevo Pacto" (2 Corintios 3:6). Esta iglesia, distanciándose del sectarismo, tiene el firme propósito de ser una réplica exacta de la iglesia original en doctrina, práctica y vida espiritual. Cordialmente, le invitamos a examinarla imparcialmente, comparándola con el “templo santo en el Señor” que presentan los apóstoles por el Espíritu (Efesios 2:20-22).