Nuestro “credo”, o “regla de fe”, es la Biblia, único libro dado por Dios a la humanidad (2 Timoteo 3:16-17). Los credos emitidos por concilios ecuménicos, los catecismos, los manuales o disciplinas de fe y orden, ¿no son creaciones de hombres falibles? ¿No refuerzan y preservan las entidades religiosas que los autorizan y siguen? Preferimos hablar "conforme a las palabras de Dios" (1 Pedro 4:11), no yendo más allá "de lo que está escrito" en la Biblia (1 Corintios 4:6). Seguimos “una misma regla” (Filipenses 3:16), a saber, la de origen divino definida en el Nuevo Testamento. No vivimos “bajo el régimen viejo” del Antiguo Testamento sino “bajo el régimen nuevo del Espíritu” (Romanos 7:4-6). Nos rige la nueva “ley de Cristo” (1 Corintios 9:21), y no la antigua de Moisés.