
Al visitarnos, observará el “buen orden” (Colosenses 2:4) de nuestros cultos, inconfundible rasgo de adoradores que procuran adorar "en espíritu y en verdad" (Juan 4:24), haciéndolo "todo decentemente y con orden" (1 Corintios 14:40). Desórdenes, alborotos o griterías no se toleran, ni se permite que más de uno hable a la vez, normas del Espíritu Santo que respetamos (Efesios 4:31; 1 Corintios 14:27).
Varones fieles y de buen testimonio dirigen las alabanzas. En cuanto al rol de las damas cristianas, el Espíritu Santo ha establecido lo siguiente: "Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones" (1 Corintios 14:33-34), añadiendo: "No permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre" (1 Timoteo 2:12).
Esta regla obedece a dos hechos: “Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión” (1 Timoteo 2:13-14). Por consiguiente, en los cultos de la iglesia de Cristo las mujeres no dirigen ni predican. Dios les ha asignado otros ministerios igualmente importantes (1 Timoteo 5:14; Tito 2:3-5).